Cuando vamos a un super mercado y señalamos una botella de algún producto,
preguntando ¿qué es? inmediatamente se nos informará lo que contiene esa botella
(excepto si la misma está vacía).
Entonces, podemos usar ese ejemplo para recordar que nosotros somos simples
contenedores de una energía de vida mucho más valiosa que la misma carne; en un
momento podemos estar llenos de esa esencia y transportarnos de un lugar a otro
por nuestros propios medios (asumiendo que nuestras funciones están en buenas
condiciones), pero tan pronto como esa esencia abandona el cuerpo, no importa
qué tan alto, fornido, joven o atractivo sea el personaje, o qué tan acaudalado
haya sido durante su paso por el mundo, no habrá forma de que ese “montón de
carne y huesos” sirva para otra cosa más que para donar los órganos que aún sean
aprovechables…
Entendemos pues que al querer identificarnos ante la pregunta ¿qué somos?
¿quiénes somos? realmente debemos hacer referencia a esa Esencia que contenemos
en esta vasija humana. No somos nuestro título profesional, ni nuestra posición
social, ni nuestra apariencia física, ni nuestros logros de cualquier tipo.
SOMOS la Esencia Divina que habita en nuestra piel, y nos durará su paso por el
mundo tan sólo un tiempo limitado. Tendremos más posibilidades de extender ese
tiempo dependiendo del trato que le demos al contenedor, aunque no hay
garantías; pero indudablemente la CALIDAD de ese tiempo del que dispongamos está
directamente relacionado con la conscientización de este hecho, y permitir que
esa esencia brille en todo su fulgor sin opacarla con nuestra transitoriedad.
Es un privilegio tener esta opción, y es un gozo encarnar todas sus
posibilidades. No nos limitemos a meramente subsistir… El empaque quedará
atrás, pero somos seres eternos!